COP23 y el camino del 2018

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Por Karla Maass Wolfenson – Oficial de Comunicación y Campañas América Latina, Climate Action Network International (CAN)

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A dos semanas del término de la Conferencia de las Partes (COP) Nº 23 de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), se distinguen diversos análisis respecto de los resultados obtenidos mas es posible identificar un denominador común: es necesario hacer más y más rápido para liberarse de los combustibles fósiles y proteger los ecosistemas estratégicos – en términos socioeconómicos y climáticos – a fin de evitar consecuencias sistémicas impredecibles asociadas al cambio en los patrones de clima.  Si con 1ºC de aumento de la temperatura global somos testigos del surgimiento de huracanes antes impensados y de sequías con una agresividad dramática en muchos países de América Latina, un aumento de 4, 3, e incluso 2ºC respecto de la era preindustrial resultaría una imagen desgarradora, por decir lo menos.

Durante la COP 23, denominada COP del Pacífico al ser presidida por el Gobierno de Fiji, isla-nación afectada ampliamente por al aumento en la intensidad y frecuencia de los ciclones y aumento del nivel del mar, fue claro que, además de la necesidad de transparentar y fortalecer los esfuerzos de reducción de emisiones de gases efecto invernadero previo a 2020 (fecha en que se espera comience a operar el Acuerdo de Paris) de los países con mayor responsabilidad histórica, es clave que otro cuerpo de acción emerja a fin de alcanzar el objetivo de largo plazo, es decir limitar el calentamiento global a, idealmente, 1.5ºC para fines de siglo. En ese marco, vale destacar el surgimiento de una coalición de países, entre ellos Costa Rica y México, que se comprometió a abandonar el carbón para la generación de electricidad y el movimiento, referido como “el otro Estados Unidos” reunido bajo la consigna “We Are Still In” que involucra a importantes ciudades, instituciones académicas, inversionistas y organizaciones de dicho país que, en vista de la ceguera del gobierno central y los beneficios y deberes asociados a la acción por el clima, buscan emprender, de manera voluntaria, acciones de descarbonización a nivel local.

En consideración con lo anterior, el gobierno de Fiji trabajo para asegurar que durante el 2018 se dé un proceso de diálogo “inclusivo, participativo y transparente” que permita responder a las preguntas ¿Dónde estamos?, ¿A Dónde queremos ir?, y ¿Cómo? a fin de mejorar los compromisos de reducción de emisiones a nivel nacional (NDCs, por sus siglas en inglés). El Diálogo de Talanoa será un proceso de un año que, sin duda, atraerá la atención de muchos actores sociales quienes ven en este proceso la oportunidad para incidir en el quehacer de sus propios gobiernos y cumplir con su responsabilidad cívica en términos intergeneracionales y ecológicos. Asimismo, muchos pueblos y comunidades vulnerables a los efectos del cambio climático han puesto su esperanza – nuevamente – en los resultados de este proceso ya que para ellos, hablar de más o menos grados Celsius es hablar de continuidad o término. Para la sociedad civil el éxito de Talanoa se plasmará en el compromiso de los países, todos, de presentar mejores y más amplios planes de acción climática para 2020 durante la COP24, en Katowice, Polonia. Las expectativas de este proceso son altas, pero posibles.

El 2018 deber constituirse como un año clave en la masificación y extensión de los compromisos para la búsqueda de nuevas estrategias de desarrollo y bienestar. Para ello, las organizaciones de la sociedad civil no perderán ninguna instancia para asegurar que los gobiernos se comprometan con sus comunidades y ecosistemas y trabajarán para  establecer los vínculos necesarios a fin de alcanzar el pick de emisiones a 2020 y un balance neto cero a 2050. Los diálogos y negociaciones del G7 – comprometidos a descarbonizar sus economías -,  del G20 – quienes convinieron en un “Plan de Acción de Clima y Energía para el Crecimiento”– y la Cumbre no gubernamental de California en septiembre próximo serán solo algunas de las instancias en que se escuchará una voz multilingüe a favor de economías descarbonizadas y nuevas relaciones con la naturaleza. En el 2018 los gobiernos deben escalar sus compromisos.

 

 

 

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